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Resistencia a la insulina, mejor prevenir que lamentar.


Queridos lectores,


Les envío un fuerte abrazo desde Münster esperando que, así como yo, se encuentren disfrutando del maravilloso clima que trae la primavera.

Este mes les quiero compartir una experiencia personal que fue parte de un proceso muy importante para mí y del cual aprendí mucho. Estoy segura de que cualquier persona que quiera mejorarse a sí misma sabe que el progreso personal es un conjunto de cosas que implican balancear la mente, el cuerpo y el espíritu.

Cuando alguien te habla sobre su forma de comer lo que menos piensas es en que comer también es un proceso psicológico, pero en la realidad sí que lo es, por eso este mes quiero compartir contigo este tema para ayudarte a ser más consciente de tu relación con la comida, la forma de nutrir tu cuerpo, la importancia de elegir alimentos de alta calidad y de tener en cuenta de que la alimentación saludable es en realidad la mejor medicina preventiva del mundo. Todo esto con la intención de lograr tener un cuerpo fuerte y saludable, es decir, una casa sólida para tu mente y espíritu.

Hoy te quiero hablar sobre mi historia con el azúcar, una dulce manera de envenenarte y deteriorar tu cuerpo.

Alguna vez te has preguntado cómo es tu relación con la comida?

Si alguien me hubiese hecho esta pregunta algunos años atrás estoy segura de que hubiese respondido desde mi ignorancia, para aquel entonces la comida era una vía de satisfacer el hambre y llenar el cuerpo de energía para seguir realizando mis rutinas. Si te soy sincera jamás vi eso de comer saludable como una prioridad, mi estilo de comer era bastante despreocupado y cada vez que me sentía sola, frustrada o ansiosa recurría a cierto tipo de comidas para calmar, de forma momentánea, la ansiedad. Mi favorito estrella: el chocolate en todas sus presentaciones.

Pero luego de un alimento repleto de azúcar me daba cuenta de que necesitaba otro más y se iba convirtiendo en un ciclo adictivo del que no me podía escapar. Mi cerebro estaba a gusto, adicto, expectante. La comida era entonces un refugio para los malos momentos, y sobretodo después de mi primera inmigración, hubieron muchos.

También llevaba un estilo de vida muy irregular, no podía ser constante en nada, era una experta en encontrar excusas para no hacer ejercicio y si algo avanzaba en el gimnasio, ese resultado se desvanecía en muy corto tiempo llevándome a la sensación de frustración que me hundía más en ese ciclo vicioso.

Tampoco sabía como vivir sin estrés, me saturaba de responsabilidades que imposibilitaban un espacio para descansar y, honestamente, no sabía cómo hacer para relajarme, estaba inquieta, ansiosa, preocupada por todo. Así fue pasando el tiempo mientras iba naturalizando todo esto, para mi era lo "normal" pero en realidad era parte de un patrón saboteador que me tenía estancada y que me llevaría a pagar una factura muy cara.


Todo comenzó un día con terribles mareos y puntos brillantes que se movían alborotados en mi vista, tenía migrañas muy fuertes y constantes, mi peso había aumentado desproporcionadamente y me sentía débil, cansada, somnolienta a toda hora, tenía mucha hambre y mucha sed en todo momento, sentía mi cuerpo pesado, descontrolado, hormonal, lleno de acné y aquejado. En ese momento mi cuerpo me estaba hablando, se intentaba comunicar conmigo para decirme que algo no andaba bien, lanzaba banderas rojas en mi camino y yo, finalmente, decidí ir al doctor.

No hace falta contarles lo desagradable que fue ir de médico en médico sin encontrar respuestas y hacerme incontables y molestos exámenes de sangre, lo que sí les compartiré es el diagnóstico: Resistencia a la insulina.


y con qué se come eso?


El médico me explicó que se trataba de una enfermedad crónica relacionada con un defecto que sucedía en la entrada de la glucosa a las células mediada por la insulina y que por consecuencia debía tomar una medicación de por vida para evitar desarrollar una diábetes. También debía mantener una dieta estricta y realizar actividad física frecuentemente. Es decir, todo mi estilo de vida tenía que cambiar.

Todavía recuerdo el impacto que generó en mí este diagnóstico, por un momento alivió mi necesidad de saber lo que tenía pero por otra parte lidiaba con mucha incertidumbre, mucho miedo y sobretodo infinidad de preguntas, la diábetes estaba tocando a la puerta.

En este momento comenzó a cambiar mi vida, comencé a relacionarme con la comida de una manera diferente, investigué y me asesoré con nutricionistas, aprendí a leer las etiquetas de los productos y en especial, me negaba a la idea de depender de una medicina de por vida para estar bien, estaba convencida de que tenía que existir otra manera de sanar mi cuerpo sin tener que conformarme con mantener estabilizados los sintomas, yo quería llegar a la raíz del asunto y curarlo de verdad.

Si mi historia se asemeja a la tuya, si deseas ser una persona con hábitos saludables pero no sabes cómo empezar o sí que lo sabes pero no eres capaz de mantenerlos en el tiempo, si quieres disminuir tu peso o simplemente sentirte a gusto con tu cuerpo te cuento que hay muchas cosas que puedes hacer para cambiar tu estilo de vida, lo que hay que entender es que los cambios no suceden de la noche a la mañana, todo proceso de cambio toma su tiempo y debes ser muy consciente de respetar el tuyo propio sin compararte con nadie más.

Creo que el secreto está en realizar pequeños pasos todos los días, es decir, hacer pequeños cambios diariamente que te lleven a alcanzar la meta que deseas. Si realizas estos cambios de manera brusca, va a ser más difícil incorporarlos como un hábito ya que instalar un hábito requiere tiempo y dedicación.


Hoy te comparto los cambios que realicé para optimizar mi estado de salud así como varias reflexiones que me ayudaron en mi proceso:


1. El estrés es un factor determinante en la aparición de enfermedades crónicas: Después de recibir mi diagnóstico no me cabe la menor duda de que si no sabemos controlar y manejar el estrés de una forma sana vamos a ver consecuencias, algunas de ellas irreversibles. Al disminuir el estrés, estás disminuyendo la necesidad de comerte un dulce o una comida chatarra, abriéndote a la posibilidad de tomar decisiones conscientes y más saludables. Te pregunto, sabes cómo relajarte? sabes reconocer cuándo estás estresado?

2. Meditación: Es una herramienta fundamental en el proceso de sanación y a su vez, una práctica preventiva que ayuda a ser más consciente, a estar más presente, a regular estados emocionales, mejorar funciones cognitivas y a reducir los niveles de estrés. Si nunca has meditado o no sabes cómo comenzar, te recomiendo buscar meditaciones guiadas o utilizar alguna app.

3. Dormir 7-8 horas diarias: Este punto es muy subestimado pero en realidad es sumamente importante. Al no dormir suficiente segregamos grelina, que es la hormona del apetito, lo cual nos vuelve más propensos a comer innecesariamente. La falta de sueño también nos hace segregar adrenalina y cortisol que generan un aumento del estrés. Así que cuida y respeta tus momentos de descanso, es más importante de lo que crees.

4. Mantenerte hidratado: beber 1 o 2 litros de agua al día es como llenar el tanque de gasolina de nuestro cuerpo, te hará sentir mayor saciedad beneficiando tus órganos.

5. Incorporar la práctica del agradecimiento diariamente: el agradecimiento es una herramienta muy poderosa, tanto como tomar un antidepresivo. Realizarlo cada mañana le da un sentido diferente a tu vida y te conecta con tu presente y con lo que sí tienes en este momento, te hace sentir pleno y feliz. Te recomiendo escribir una lista de cosas por las cuales estás agradecido cada mañana.

6. Cambiar tu relación con la comida: cada alimento que introduces en tu organismo va a generar un efecto a nivel energético, térmico, nutricional y hasta hormonal, si lo alimentas con comida chatarra la reacción va a ser negativa y pronto vas a recibir consecuencias. Pregúntate, qué merece tu cuerpo? ese vehículo que te permite realizar todo lo que deseas. Alimentarte bien es un acto de amor propio.

7. Aprende a escuchar a tu cuerpo: cuál es la manera en la que se comunica tu cuerpo? cuáles son las banderas rojas que te envía? le prestas atención cuando te indica que está cansado, estresado o sediento? te sueles enfermar con frecuencia? Tienes alguna enfermedad crónica?

8. Investigar acerca de tu enfermedad: en mi caso, después de leer mucho sobre el tema, consultar con expertos y ver docenas de documentales, decidí adaptarme a un estilo de vida vegetariano comenzando a eliminar de mi dieta ciertos alimentos que al parecer no me hacían bien. El propósito fue experimentar la reacción fisiológica posterior en mi cuerpo y los resultados fueron increibles! al momento de eliminar los lácteos, las harinas refinadas, los alimentos que contenían azúcar y la carne animal todo comenzó a cambiar. No digo que esto le funcione a todo el mundo pero algo de veracidad debe de tener el sanar a través de una dieta basada en plantas, pasó conmigo!

9. Hacer ejercicio físico: Cualquier ejercicio es bueno, lo importante es que lo realices regularmente y que lo disfrutes!

10. Aprender a leer las etiquetas: Esto es clave! la verdad estoy horrorizada de cómo la industria alimenticia nos engaña con los componentes de un alimento. Es alarmante la cantidad de productos en el mercado que contiene azúcar listada como componente principal de un producto o disfrazada con algún nombre como "miel de caña, jarabe de maiz, fructosa, maltosa, dextrosa, etc".

11. Organizar y planificar tus comidas: Este es un punto clave al momento de tener una alimentación consciente porque el "no tengo tiempo" siempre parece ser la excusa perfecta para no comer delicioso y saludable. En mi experiencia, dedicar unas horas a la semana para cocinar toda la comida de la semana funcionó perfecto, incluso habían alimentos que podía congelar y utilizarlos en el momento en el que los necesitaba. Esto me evitó llegar a casa con hambre y comerme cualquier cosa, más bien era un alivio llegar a casa y saber que la comida ya estaba lista. Así como apartas tiempo para ir de fiesta o cepillarte los dientes, también es posible incluir esto en tu rutina diaria.

12. Desarrollar tu creatividad en la cocina: Con esta nueva dieta tuve que aprender a cocinar nuevamente, es otro mundo totalmente distinto, en internet hay infinidad de recetas e ideas para comenzar. Te aseguro que si se puede comer saludable y delicioso, solo falta ponerle cariño y atención a la cocina. Otra cosa que me ayudaba mucho a la hora de cocinar era visualizar que cada preparación que estaba haciendo y cada alimento que mezclaba con otro era la unión perfecta que se encargaría de curarme, que nutriría mis células, me haría más fuerte y regularía mis niveles de insulina.

13. Encontrar maneras de sanar con medicina natural y preventiva: a inicios del 2018 me inscribí en un programa llamado "21 días reset" dirigido por la grandiosa Giselle Schreiner, mejor conocida como @lavidaorganica. Con ella aprendí a transformar mi forma de alimentarme y relacionarme conmigo misma, aprendiendo a comer exquisito y adaptándome a un menú a base de plantas que eliminaba productos tóxicos como el azúcar y otras comidas que generaban inflamación, sensibilidades y alergias. El resultado final fue impresionante. Programas como éste, dietas detox o dietas para sanar el intestino son muy efectivas.


Como te habrás dado cuenta, 10 de 13 cambios son mentales, el tema psicológico ocupa la mayor parte en el proceso de la alimentación. El cuidado del cuerpo no se reduce a simplemente comer sano y hacer ejercicio, sino que hay una serie de procesos anteriores que son los que realmente nos van a llevar a tener un estilo de vida saludable y es allí donde nos tenemos que enfocar.


Qué aprendí de esta enfermedad?


-Aprendí que el cambio de hábitos para alcanzar una vida saludable tiene que nacer desde el amor propio y el deseo de estar bien en todo momento.

-Aprendí a ser perseverante, constante y disciplinada con mis rutinas saludables. Que la suma de pequeñas acciones diarias me lleva más rápido a mi meta. Entendí que con la planificación se puede lograr un estilo de vida saludable a pesar de que tenga un tiempo reducido para hacerlo.

-Aprendí a no sentirme culpable ni castigarme con un diálogo interno al momento de sabotearme, de tomar una mala elección, de sentirme frustrada o salirme de la dieta, entendí que eso formaba parte de mi vieja programación y que mientras tomara las medidas para corregirlo seguiría direccionada hacia mi meta.

-Aprendí que el cuerpo y la mente son parte de una misma cosa y que están íntimamente interconectados, que si uno de estos sistemas falla el otro también lo hará, por eso hay que atender a ambos con la misma prioridad.

-Aprendí que es mejor tomar medidas preventivas a tener que recibir un diagnóstico de enfermedad para realizar los cambios en tu estilo de vida, si puedes incorporar rutinas saludables cuando estás sano reducirás la probabilidad de padecer una enfermedad en el futuro.

-Aprendí a no subestimar mi edad, que por el hecho de ser una persona joven y llena de energía no significa que no puedo estar expuesta a enfermarme. Hay que aprender a cuidarse desde muy temprano.


Dos años después...


Estoy sana, los resultados arrojaron remisión de los síntomas y valores normales en sangre, mi organismo ha respondido muy bien a los cambios en el estilo de vida que aprendí a incorporar y finalmente logré prescindir de los medicamentos, ya no dependo de ninguna medicina para vivir bien!


Espero que este artículo te invite a reflexionar y a tomar acciones ahora, la vida es una sola y hay que vivirla bien, gozando de buena salud, con sentido de responsabilidad y apertura para el disfrute.


Un abrazo a todos y hasta la próxima!


P.


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Te invito a leerme con la intención de reflexionar y conectarte contigo. Cada artículo está pensado para acercarte a tu evolución personal. Te invito a hacer el trabajo de pensarte y mirarte con ojos nuevos en este proceso, de reemplazar el pensamiento de que "todo pasado fue mejor" y sembrar " lo mejor está por venir". Siempre valdrá la pena abrirle espacio al futuro.
Bienvenidos a esta nueva fase!
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